Historia del CEY


INICIOS DEL CENTRO EXCURSIONISTA DE YECLA (CEY)

   Posiblemente el germen que propició el nacimiento del CEY – Centro Excursionista de Yecla fue un pequeño acontecimiento que tuvo lugar, naturalmente, en el Monte Arabí.

   En un día de otoño coincidieron aquí, por un lado, un grupo de chavales, de unos 16-17 años, que estaban rapelando por los alrededores de la Puerta de la Iglesia. Creo recordar a Andrés, Pepote, Prats…

   Y allí llegué  yo, dando un paseo por estos bellos parajes yeclanos. Yo soy Julio Alonso, entonces con 26 años de edad y cierta experiencia en espeleología, escalada y alta montaña. Recién terminados los estudios en Valencia, en cuyas montañas había escalado con cierta frecuencia. Corría el año 1978 y hacía varios  que no se escalaba en Yecla. Anteriormente existió un grupo más o menos organizado, con bastante actividad en espeleología y numerosas escaladas en distintas montañas; Gredos, Contreras, Peñón de Ifach, Naranjo de Bulnes… Ya teníamos vías de escalada abiertas por nosotros en montañas yeclanas. En alta montaña ya conocíamos cimas como el Montblanc, Aneto, Monte Perdido, y muchos inviernos íbamos a Sierra Nevada. Pero entonces el grupo estaba disuelto, cada uno por un sitio, estudiando o trabajando, y hacía varios años que las actividades de montaña y espeleología estaban paralizadas en Yecla. Allí, en el Monte Arabí, contactamos este grupo de jóvenes entusiastas de la montaña y yo, y todos juntos decidimos que queríamos escalar. Todavía no existía el Centro Excursionista, pero allí estábamos los que lo íbamos a crear.

     Era el germen, la semilla que luego fructificaría dando forma al:

CEY
CENTRO EXCURSIONISTA YECLA

PRIMERAS EXCURSIONES

Algunos días más tarde nos fuimos a escalar al Cortado de Las Águilas de la Sierra Salinas. Era el 8 de diciembre de 1978, el día de La Patrona de Yecla.

   Después de unos contactos previos con la roca, sintiendo que podíamos escalar bién, nos atrevimos y escalamos la vía del nido de la águilas. Fué la primera escalada que realizaron los que poco después formarían el Centro Excursionista de Yecla. Sin arneses, sin empotradores, con muy pocas clavijas y mosquetones. Tuvimos que cortar trozos de cuerda para hacer anillos y utilizarlos como mosquetones en seguros naturales. Cuando llegamos arriba estábamos exultantes de alegría, contentos con la escalada y  dispuestos a hacer muchas más.

    Recuerdo que cuando regresamos a Yecla, sin comer todavía, era noche cerrada y las calles de Yecla atronaban por los disparos de los arcabuces realizados en honor de la Virgen del Castillo.

 MONTE PERDIDO

     Durante ese invierno y posterior primavera seguimos realizando salidas por la zona y empezamos a escalar en Los Picarios e íbamos consiguiendo algo de material. Éramos jóvenes e inexpertos, pero con mucha ilusión. Se acercaban las vacaciones de verano y quisimos aprovecharlas haciendo un viaje a Pirineos, concretamente a la zona del Valle de Ordesa y Monte perdido. Yo ya conocía estas montañas, pero los chicos estaban muy ilusionados con esta gran aventura para ellos, su primer contacto con alta montaña.

    Realizamos el viaje en dos coches, uno lo conducía Andrés padre y otro era el mío. El resto del personal eran Andrés hijo, Agustín, Navarro, Zaranda, Cosme y Pepote.     Dejamos los coches en el parking del Valle de Ordesa (¡que tiempos aquellos!) y recorrimos el valle hasta el refugio de Goriz, en cuyos alrededores dormimos al aire libre. Al día siguiente ascendimos a Monte Perdido (¡primer 3000!). Esa noche dormimos en una cueva que está a mitad de camino entre Ordesa y Gabarnie.         Conocimos la Gruta Helada de Norbert Casteret, la Brecha de Roland, la zona de Gavarnie… Íbamos eufóricos de alegría con tanta belleza, con tanta aventura vivida.      Solo nos faltaba realizar una gran escalada para culminar ese verano de grandes aventuras para estos chavales con tan poca experiencia. Así fue como decidimos dejar Pirineos y pasarnos a Picos de Europa para escalar el Naranjo de Bulnes.

NARANJO DE BULNES

   Atravesar el norte de España hasta Picos de Europa ya fue en sí una pequeña aventura. Sucios, desharrapados, llamábamos la atención cuando parábamos en algún pueblo. Corrían otros tiempos. Íbamos durmiendo donde podíamos, en las cunetas, en casas particulares… En Bilbao buscamos una tienda de deportes de montaña y compramos algo de material necesario para la escalada que pretendiamos realizar.    Hicimos la aproximación hasta el refugio Delgado Úbeda por las largas y duras cuestas del pueblecito de Bulnes, y esa noche dormimos en unas cuevas que hay cerca del refugio. Al día siguiente escalamos el Naranjo de Bulnes por su cara sur, la vertiente más asequible. Formamos dos cordadas de a tres. Por entonces yo ya disponía de arnés, piés de gato y casco, lo que era un auténtico privilegio para la época. Los chicos escalaron como se escalaba por entonces, utilizando cintas a modo de arnés, con botas normales, sin casco… Realmente no encontramos ninguna dificultad a superar. Era, y sigue siendo,  una vía fácil. Pero en la cumbre del Naranjo la alegría era inmensa. Aquellos muchachos de apenas 17 años, que unos meses antes no sabían tan siquiera como era una cuerda de escalada, allí estaban, en la cima del mítico Naranjo de Bulnes, disfrutando el grandioso panorama que desde allí se contempla, y gozando del cúmulo de intensas emociones que nos embargaban. ¡Habíamos escalado el Naranjo de Bulnes, éramos escaladores.!

   Aquel mismo día regresamos a Puente Poncebos, donde teníamos los coches. Y también teníamos hotel y restaurante. Recuerdo aquella noche con especial cariño. Fue la primera ducha y primera comida caliente en doce días. La cena fue memorable, juntando el hambre de no haber tomado nada en todo el día, doce días de frutos secos y algún bocadillo, la euforia consecuente del triunfo recién conquistado, y la alegría por las escaladas que haríamos en el futuro.

 ¡Éramos escaladores, éramos el CEY
CENTRO EXCURSIONISTA YECLA! 
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